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¿Cómo controlar el estrés laboral?

Un estudio realizado por Regus, una firma especializada en temas laborales, revela que en Colombia el 38% de los empleados sufren de estrés laboral. Las razones, la continua incertidumbre de no contar con un contrato a término indefinido, la inestabilidad y la baja en los resultados macroeconómicos.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) define el estrés laboral como la “reacción que puede tener el individuo ante exigencias y presiones laborales que no se ajustan a sus conocimientos, gustos y aptitudes, y que ponen a prueba su capacidad para afrontar la situación”.

El estrés es un proceso natural de adaptación del individuo a las demandas de su entorno, que ocasiona que fisiológicamente aumente la tasa cardiaca, la tensión muscular y la velocidad de procesamiento de información. Está asociado con una reducción de la productividad de las empresas y un descenso de la calidad de vida de aquellos que lo sufren.

Marcela Gómez, gerente de Gestión de Humana de Sodexo Colombia, empresa líder en el servicio de calidad de vida dice que este estado de las personas le sale costoso a las compañías. “Los trabajadores estresados no están felices ni tampoco sanos, por lo que las empresas que quieran ayudar a su personal a tener vidas más gratificantes no pueden dejar de analizar los niveles de estrés dentro de su organización”.

Debido a esto, es conveniente que los colombianos aprendan cómo combatirlo y conocer técnicas eficaces para su manejo, por ejemplo la realización de determinados ejercicios para eliminar la tensión o la escucha de música anti estrés.

Gómez aconseja que una compañía debe brindarle un espacio óptimo de trabajo al colaborador, en el cual le garantice seguridad y respeto. Hay que iniciar planes especiales para evitar las extensas jornadas de trabajo. En caso de ser inevitables, es oportuno crear espacios de distensión y relajación (como zonas verdes, salas de sueño o cafeterías cómodas).

Por su parte, el empleador tiene que comprometerse consigo mismo y con la empresa. Realizar actividades alternas de relajación (como deporte, música, yoga, entre otros). Además debe someterse a chequeos médicos para detectar cualquier problema a tiempo. Otras alternativas son:

Comer sano: La alimentación es vital para consolidar un cuerpo sano, porque lo prepara para cualquier adversidad fisiológica. Además, el momento de comer es muy importante para relajarse y desconectarse de la vida profesional.

Descanso total: Los momentos de reposo deben ser óptimos. Dormir bien y las horas adecuadas (ocho horas aproximadamente) permitirá la relajación total. Evite que sus momentos cuando está sin trabajo sean interrumpidos y procure no llevar tensión laboral a la casa.

Ejercicio físico y mental: Exigirle al cuerpo fomenta salud mental. Otras actividades, como el yoga o la meditación, permiten despejar la mente, tomar decisiones y aprender a tomar las cosas con calma.

Agenda: Reorganizar el tiempo para realizar todas las tareas será un dolor de cabeza menos. Una agenda es ideal para organizar el día y horarios de acuerdo con las actividades.

Autoestima: Fomentar el amor propio ayuda a sentirnos orgullosos de nuestros logros, al tiempo que permite asumir mejor los errores y buscar soluciones más viables.

Enfrentar la ansiedad: Relajación para momentos de tensión, leer sobre técnicas de autoayuda, exponerse poco a poco a las situaciones que tenemos pánico y aprender a decir “no”, cuando algo cueste mucho.

Exceso de antioxidantes durante la juventud puede perjudicar la piel

En los años cincuenta, Denham Harman, investigador de la Universidad de California en Berkeley (EE UU), propuso que los culpables del envejecimiento eran los radicales libres, unos compuestos que oxidaban el organismo. Estos radicales se producen como resultado de actividades básicas para la vida como respirar, y en algunos casos son importantes para defender al organismo frente a gérmenes o algunos tipos de tumor. Sin embargo, algunos hábitos nocivos como el consumo de alcohol o tabaco pueden introducir en el organismo un exceso de radicales libres que oxiden demasiado las células y aceleren el envejecimiento.

Durante mucho tiempo, una interpretación simplista de la teoría de los radicales libres creó en los antioxidantes, presentes en alimentos como las frutas y las verduras o en pastillas, a los antagonistas ideales para combatir el paso del tiempo. Sin embargo, estudios posteriores han mostrado que los antioxidantes están lejos de ser un milagro.

Esta semana, un equipo de científicos del Instituto Buck (EE.UU.), especializado en el estudio del envejecimiento, ha obtenido unos resultados que, entre otras cosas, sugieren que tomar grandes cantidades de antioxidantes podría tener efectos negativos para el envejecimiento de la piel durante la juventud. En un trabajo que se publica en la revista PNAS, explican cómo criaron ratones que producían grandes cantidades de radicales libres que dañaban las mitocondrias de su piel. Los investigadores pensaban que los ratones envejecerían de manera acelerada, sin embargo, observaron que las heridas de su piel se curaban más rápido que en ratones normales. Sin embargo, ese efecto se invertía con el paso del tiempo. El daño en las mitocondrias reducía la producción de células madre y los ratones mayores, que en su juventud habían gozado de una piel que se reparaba con rapidez, veían cómo sus heridas se curaban con mayor dificultad.

Estudios anteriores han mostrado que reducir la cantidad de radicales libres por medio de antioxidantes reduce el daño celular que produce el envejecimiento. Sin embargo, otros artículos científicos indican que esos beneficios no se producen siempre. De hecho, pese a los efectos positivos de los antioxidantes frente a algunas enfermedades como el cáncer observados en laboratorio en cultivos celulares o en animales, los esfuerzos por comprobar estos beneficios en humanos no lo han conseguido.

El cerebro detrás del proyecto Brain

Aunque se ha podido identificar cómo funcionan las neuronas de manera individual y cuál es su estructura celular y molecular, es muy poco lo que se conoce acerca de los circuitos cerebrales humanos. El cerebro pesa entre 1,2 y 1,5 kilos, tiene alrededor de cien mil millones de neuronas –el equivalente al número de estrellas en una galaxia– y a pesar de que cabe en una mano, es un órgano aún indescifrable.

Hace dos años, Estados Unidos anunció que invertiría 100 millones de dólares en una investigación que desarrollaría el mapa más completo que se haya conocido hasta hoy del cerebro humano. Fue la primera vez que el mundo escuchó sobre el proyecto Brain, acrónimo en inglés de Brain Research Through Advancing Innovative Neurotechnologies, es decir, Investigación del Cerebro a través del Avance de Neurotecnologías Innovadoras.

El ideólogo de este plan es el científico español Rafael Yuste, neurobiólogo y catedrático de la Universidad de Columbia, considerado por la revista Nature uno de los científicos más influyentes del mundo.

Brain se desarrollará en los próximos doce años y la comunidad científica confía en que servirá para encontrar la cura para enfermedades mentales y neurológicas e incluso abriría un campo en la posibilidad de modificar la mente humana.

Nueva terapia contra el cáncer de mama confirma su eficacia

El nuevo tratamiento específico experimental del laboratorio estadounidense Pfizer, el Palbociclib, confirmó su eficacia para bloquear la proliferación del cáncer de mama más común en etapa avanzada, según un nuevo ensayo clínico difundido el sábado.

Tomado en combinación con el antiestrógeno Fulvestrant, el Palbociclib detuvo la progresión de la enfermedad durante un promedio de 9,2 meses frente a 3,8 meses sólo con la hormonoterapia, mostró el estudio de fase 3 realizado con 521 pacientes de 57 años (edad promedio), de las que 79% habían pasado ya la menopausia.

Los resultados fueron presentados en la conferencia de la Sociedad Estadounidense de Oncología Clínica (ASCO, su sigla en inglés), que se lleva a cabo este fin de semana en Chicago (Illinois, norte de Estados Unidos).

"Para las mujeres con cáncer de mama avanzado, (la terapia) se destaca por ser capaz de parar el avance de la enfermedad y retrasar la necesidad de recurrir a la quimioterapia durante meses con una simple píldora", dijo el doctor Don Dizon, un experto de la ASCO.

El ensayo clínico culminó antes de lo previsto debido a la eficacia demostrada por este fármaco que bloquea dos proteínas, la CDK4 y la CDK6, cruciales en el avance de los cánceres de mama sensibles a los estrógenos, que representan alrededor del 75% de todos los tumores de mama.

"Una vez que la terapia antihormonal inicial deja de ser eficaz para contener el cáncer de mama metastásico, la siguiente etapa es la quimioterapia que puede ser efectiva pero con efectos secundarios a menudo muy difíciles para las mujeres", dijo el doctor Nicholas Turner, oncólogo en el Institute of Cancer Research en Londres, Reino Unido, quien dirigió el ensayo clínico llamado PALOMA-3.

Los investigadores señalaron que es necesario un seguimiento más prolongado para determinar si el Palbociclib puede prolongar la vida de los pacientes.

En febrero de este año, la agencia estadounidense que regula los alimentos y medicamentos, la FDA, autorizó mediante un procedimiento exprés la comercialización del Palbociclib en combinación con un tratamiento antihormonal para las mujeres con cáncer de mama avanzado cuyo crecimiento es alimentado por las hormonas.

Según analistas, el Palbociclib podría representar un mercado de 5.000 millones de dólares para Pfizer, que parece tener una amplia ventaja sobre sus competidores como Novartis y Eli Lilly.

Ibuprofeno, ¿por qué preferimos el más caro?

En 2014 Audifarma, empresa que distribuye medicamentos a cerca de 6,2 millones de personas en Colombia, lanzó una alerta por el excesivo consumo de ibuprofeno. En un informe aseguraba que el 70% de los mayores de 65 años estaba tomándolo por su propia cuenta y eso podía desencadenar serios problemas: desde úlceras hasta insuficiencia renal.

Pero, a pesar de esa alerta, lanzada a mitad de año, el panorama siguió empeorando. A lo largo de 2014 las ventas del antiinflamatorio se multiplicaron: en el caso de los genéricos aumentaron 204% en comparación con 2013 y para los productos de “marca” ascendieron 15%. Así lo revela el Observatorio del Medicamento de la Federación Médica (Observamed) en un informe que hace parte de Elijamos Sabiamente.

Aunque es difícil saber las razones de tal aumento, según Óscar Andia, director de Observamed, es probable que haya un incremento en el consumo institucional. En otras palabras, es posible que EPS y hospitales estén recetando ibuprofeno de más. Una explicación aún está pendiente.

Pero esos datos no son los únicos que llaman la atención del documento. El caso de las ventas del ibuprofeno también es una muestra de lo mal que el país está consumiendo medicamentos. En términos generales, parece haber una predilección por las “grandes marcas”, que son mucho más costosas, cuando existen genéricos de igual calidad a un precio menor. Para la muestra un botón: entre 2012 y 2014 el país desembolsó más de medio billón de pesos para comprar este fármaco, de los cuales $443.628 millones (87%) correspondían a productos de marca y $68.201 millones (13%) a productos genéricos (ver infografía).

¿Por qué sucede esto? A los ojos de Andia, sigue existiendo un imaginario erróneo frente a los genéricos. Como lo dice el informe, es posible que los pacientes sean mal informados por médicos o prescriptores y no tengan los suficientes elementos a la hora de tomar una decisión. Por ejemplo, hay quienes prefieren el Motrin de Pfizer, que vale $93.400, y no un genérico con el mismo activo por $6.800.

“A veces —se lee— cuando un paciente solicita un producto genérico en su droguería le ofrecen una marca muy buena por un costo algo menor que otras marcas, pero varias veces superior al genérico. Muchos expendedores pueden sustituir la prescripción médica con productos ajustados a su interés comercial”.

Pero además, como dice el doctor Andia, el caso del ibuprofeno simboliza la manera como las grandes multinacionales han capturado poco a poco el mercado de genéricos en Colombia. Basta mirar las cifras de la francesa Sanofi-Aventis, hoy dueña de Genfar, uno de los laboratorios de genéricos más reconocidos en el país. Durante 2012, 2013 y 2014, esta compañía vendió más del 50% del ibuprofeno genérico. En plata, eso se traduce a más de $36.000 millones.

Presentan inmunoterapia más eficaz que 'quimio' contra el cáncer de pulmón

Un estudio clínico internacional ha probado que una terapia inmunológica es más eficaz que la quimioterapia en el cáncer de pulmón no microcítico no escamoso, el más común, al aumentar la supervivencia de los pacientes en varios meses.

Este ensayo fue presentado en la rueda de prensa inaugural de la 51 reunión anual de la Sociedad Americana de Oncología Clínica (ASCO, en sus siglas en inglés), que se celebra hasta el próximo 2 de junio y reúne a cerca de 30.000 médicos, investigadores y representantes de laboratorios de todo el mundo.

El jefe de servicio de Oncología Médica del Hospital Doce de Octubre de Madrid, Luis Paz-Ares, encargado de exponer el estudio, que se encuentra en fase III, explicó que el cáncer de pulmón no microcítico es el más común en este órgano (85 %) y uno de sus subtipos, el no escamoso, se da en dos de cada tres casos.

Tal y como explicó en esta jornada, que se centró en la inmunoterapia, el estudio fue realizado a partir de 582 pacientes que fueron tratados con la quimioterapia estándar para este tipo de tumores y con el anticuerpo monoclonal, Nivolumab, que muestra "una clara mejoría" en la supervivencia de los pacientes: de 9,4 meses a 12,2.

En el caso de los pacientes a los que se les detectó la proteína PD-L1, que son el 55 por ciento de los que padecen este tipo de tumor, la supervivencia, según el estudio presentado, pasó de nueve meses, en el caso de los tratados con quimioterapia (docetaxel), a 17 meses. Entre los hospitales que participaron en el ensayo se encuentran unos diez centros españoles.

Sobre la toxicidad, el tratamiento resulta en palabras del investigador "mucho más favorable" al contabilizar menos casos adversos severos: un 10 % frente al 54 %.

De momento, esta terapia está aprobada en Estados Unidos para pacientes con tumores de pulmón escamosos, en Europa, aún no, y las agencias regulatorias tendrán que evaluar estos nuevos datos. "Desde el punto de vista médico, no cabe duda que los pacientes se beneficiarán y estoy seguro que las agencias lo aprobarán", confió Paz-Ares.

Preguntado sobre si la inmunoterapia desbancará a la quimioterapia en el tratamiento del cáncer, el investigador español dijo que "no es una competición, sino una combinación y ayuda".

En este sentido, agregó que para combatir algunos tumores la 'quimio' dejará de prescribirse, mientras que para "otros muchos" se dará primero un tratamiento y luego, otro. "Incluso estudiamos la combinación de los dos a la vez en muchos contextos", señaló Paz-Ares.

Cada año se diagnostican en el mundo más de 1,8 millones de nuevos casos de cáncer de pulmón, por el que en España se registran más de 20.000 fallecimientos anuales, de los que un 82 % son hombres y el resto de mujeres.

Así se ve el placer y el dolor en el cerebro

En la vida, todos los comportamientos posibles se resumen en dos: buscar placer y evitar el dolor. Lo dice la neurocientífica del Instituto Tecnológico de Massachusetts Kay Tye. Para hacerlo y seguir vivo hace falta un cerebro capaz de almacenar memoria emocional, recuerdos malos y buenos que nos dicen cómo actuar cuando volvemos a encontrar amenazas o premios. Por ahora es un misterio cómo diferentes redes de neuronas dentro del encéfalo se encargan de procesar toda esa información.

Para intentar aclararlo, un nutrido equipo de neurocientíficos de EE.UU. ha analizado en directo el cerebro de ratones que experimentaban dolor o placer gracias a nuevas técnicas de neuroimagen. Los resultados muestran que los circuitos cerebrales que controlan las experiencias positivas y negativas están conectados y pueden anularse unos a otros. Las experiencias dolorosas no solo serían malas por sí mismas sino que además debilitarían la capacidad para procesar nuevas sensaciones agradables. Esto, piensa Tye, puede tener importantes implicaciones para el estudio de trastornos como la ansiedad, la depresión o la adicción a las drogas que podrían originarse cuando estas conexiones se desbaratan.

“Estos circuitos son muy parecidos en ratones y humanos y creo que nuestros hallazgos pueden ser muy relevantes para las personas”, explica a Materia Tye. Su equipo presenta hoy en Nature una instantánea de esos dos entramados de neuronas en pleno funcionamiento. Lo han conseguido introduciendo moléculas fluorescentes en el cerebro de ratones que bien sufrían unas pequeñas descargas eléctricas o recibían una golosina justo después de escuchar un sonido de alarma. Así han podido dilucidar qué neuronas intervienen en cada uno de los circuitos y, más importante aún, han visto cómo ambos están interconectados.

Para comprobar cómo funciona cada uno, el equipo de Tye ha utilizado una técnica muy novedosa conocida como optogenética y que permite activar o desactivar una parte del cerebro a voluntad con luz. Eso les ha permitido demostrar que cuando se estimulan los circuitos que canalizan las experiencias placenteras, el circuito opuesto se bloquea y los ratones pierden la capacidad de aprender de experiencias dolorosas y viceversa.

Hasta ahora, la mayoría de estudios mostraban que el cerebro usa una sola parte para codificar experiencias buenas y malas: la amígdala basolateral. El estudio publicado hoy desvela que ambos circuitos, formados por miles de neuronas, parten de este lugar para bifurcarse a través de sinapsis, o conexiones con otras neuronas, en partes del cerebro específicas para buenos recuerdos y sentimientos de recompensa (el núcleo accumbens) o dolor y miedo (la amígdala centromedial). El equipo, financiado por el Instituto Nacional de Salud Mental de EE UU, ha podido caracterizar la anatomía y la genética de ambos circuitos cerebrales que explican la extraña compenetración entre ambos, “como si fueran un péndulo”, define Tye.

“Nuestro trabajo muestra que hay una interacción entre la valencia positiva y negativa [de las sensaciones] y creemos que por eso es relevante para el estudio psiquiátrico”, resalta. “El estrés crónico y la ansiedad grave pueden conducir a la depresión, que puede estar relacionada con la supresión de los circuitos de recompensa debido a que los circuitos del dolor o el miedo están hiperactivos”, detalla.

Redescubrir el cerebro Usar la optogenética en humanos para regular ambos circuitos es imposible, pero este equipo y muchos otros piensan que las enseñanzas de este tipo de estudios pueden encaminarse hacia la búsqueda de nuevos tratamientos. “Desvelando el perfil genético de estos circuitos intentamos dirigirnos a un futuro en el que tengamos nuevos medicamentos o tratamientos que, al contrario que las drogas actuales, se dirijan a la plasticidad de las sinapsis”, añade Tye.

El neurocientífico español Luis de Lecea, que no ha participado en la investigación, subraya su importancia para entender el funcionamiento del encéfalo en un nivel de detalle impensable hasta ahora. “La amígdala era una zona muy difícil de investigar porque es como un ovillo en el que las neuronas están enredadas”, señala. El nuevo trabajo ha sido el primero en desvelar que la valencia positiva o negativa de las emociones no depende de la neurona en sí, sino de sus conexiones con otras neuronas en otras partes del cerebro, resalta De Lecea, que dirige un grupo de investigación en la Universidad de Stanford (EEUU) sobre estrés y adicción. El trabajo entronca con toda una nueva disciplina dentro de la neurociencia que, gracias a la optogenética, está “redescubriendo el cerebro y observando la estructura detallada de sus conexiones tanto en un cerebro sano como en distintas enfermedades”, resalta. El objetivo final, claro, es saber si se puede reconectar el cableado para curarlas.

Alimentos que parecen drogas

Las chocolatinas, algunos frutos secos o las papas de esa cadena de restaurantes de comida rápida. Hay algunos alimentos que parecen drogas. Sabemos que engordan e, incluso, que nos revolverán el estómago, pero no podemos parar de comerlos. El motivo podría ser que, aunque con una intensidad mucho menor, comparten características con otras sustancias adictivas. De hecho, algunos estudios con ratones ya sugieren, por ejemplo, que comer algunas galletas tienen un efecto sobre el cerebro similar al consumo de cocaína.

Como sucede con las drogas, no todos los alimentos son igual de adictivos. Las comidas con azúcar, o con grasa suelen tener un potencial mayor que la lechuga o las pechugas a la plancha. En opinión de Fernando Rodríguez de Fonseca, coordinador de la Red de Trastornos Adictivos del Instituto de Salud Carlos III, esta diferencia “tiene mucho sentido desde el punto de vista fisiológico”. La explicación está en el sistema de refuerzo del organismo, el mecanismo de aprendizaje que nos hace buscar todo aquello que es bueno para la supervivencia de nuestros genes, como la comida, el sexo o la posición social. “Dentro de este sistema, cuando tengo hambre, voy a buscar una comida más calórica, como las que tienen azúcares o grasas, que me satisfaga más rápido y con mayor intensidad”, añade el investigador.

Sobre este sistema de aprendizaje y recompensa, regulado por hormonas como la leptina en el caso de la alimentación, actúan las drogas. “Si introduzco en la comida elementos que activen este sistema de recompensa de una manera más aguda, las buscaré con mayor interés”, continúa Rodríguez de Fonseca. Es el caso de las comidas procesadas, como la pizza o la bollería, que incluyen en un solo alimento una mezcla de grasas y azúcares refinados que son muy raras en la naturaleza.

Según explican los autores de un reciente estudio sobre esta materia, “estudios de neuroimagen han revelado similitudes biológicas en las pautas de disfunciones relacionadas con la recompensa entre adictos a la comida y individuos dependientes de sustancias”. Igual que los adictos a otras drogas, los adictos a la comida ven activadas las regiones que gestionan este sistema de aprendizaje cuando se les muestra comida.

Otra de las similitudes entre los efectos de las drogas de abuso y las comidas que más enganchan está en la concentración de las sustancias que proporcionan la reacción de recompensa. En ambos casos, no suelen estar en su estado natural sino que se han tratado para lograr un efecto más concentrado que incrementa sus capacidades adictivas, como sucede con la adormidera de la que se produce el opio. Los responsables del estudio, liderados por Ashley N. Gearhardt, de la Universidad de Michigan (EE.UU.), consideran que la mayor concentración de los azúcares o las grasas que producen la recompensa en las comidas procesadas pueden incrementar su capacidad adictiva.

Además de la concentración, otra característica que puede estar detrás de los alimentos más adictivos es la rapidez con que se absorbe y llega a la sangre. “Por ejemplo, cuando la hoja de coca se mastica, se considera que tiene poco potencial adictivo”, explica el estudio. “Sin embargo, una vez que se procesa en una dosis concentrada que llega rápidamente al sistema, se convierte en cocaína, que es altamente adictiva”, continúa. De un modo similar, los alimentos altamente procesados, comparados con los alimentos naturales, tienen más probabilidades de producir un pico de azúcar en sangre, “algo importante porque se conoce un vínculo entre los niveles de glucosa y la activación de áreas del cerebro que están relacionadas con la adicción”, añaden los investigadores. “Esto se ve en la diferencia entre panes como el pan de trigo sarraceno, que tienen un índice glucémico bajo y se absorbe despacio, y los panes hechos con harinas procesadas, que se comen con más avidez y sacian menos”, apunta Rodríguez de Fonseca.

Para tratar de observar qué comidas están más relacionadas con comportamientos parecidos a la adicción, los investigadores pidieron a 120 voluntarios que clasificasen 35 alimentos por su capacidad adictiva de acuerdo a una escala diseñada previamente (ver tabla). En sus resultados, las comidas procesadas, con mayor índice glucémico (que mide la velocidad a la que se absorben los hidratos de carbono) y grasas, se asociaban con mayor frecuenta a comportamientos similares a la adicción. En opinión de los autores del estudio, “el hallazgo de que el procesado era el factor más predictivo para saber si una comida estaría asociada con un comportamiento alimentario similar al adictivo es una evidencia preliminar para estrechar el rango de qué comidas están implicadas en las adicciones”.La droga engancha más

Pese a las similitudes, la comparación entre la “adicción” a algunos alimentos y la que producen drogas como la cocaína está lejos de ser idéntica. Los estupefacientes químicos van directos al sistema de recompensa y producen un efecto mucho más intenso que la comida, que aún requiere la mediación de hormonas como la leptina para causar su impacto en el cerebro. “En animales, se ha visto que una droga como la cocaína, si dejas de tomarla, tienes unos efectos conductuales muy claros que no suceden cuando dejas dietas altas en grasa o azúcar”, afirma Carlos Diéguez, director del Centro de Investigación Biomédica en RedFisiopatología de la Obesidad y la Nutrición (CIBERobn), dependiente del ISCIII.

En opinión de Diéguez, el estudio tiene muchas limitaciones, como el hecho de que sean los propios voluntarios los que califiquen lo adictiva que es cada comida. Esto se podría deber a factores como la textura o la presentación de la comida y, desde el punto de vista científico, no se ha podido obtener una “evidencia clara de que ninguno de los componentes de la comida cree adicción”. Por ejemplificar la diferencia entre sentirse muy atraído por un alimento y una conducta adictiva, pone el ejemplo de su propia familia. “Nos gusta mucho el chocolate, y sabemos que si hay una pastilla por casa va a durar un par de minutos”, cuenta. “Por eso, no compramos y así no comemos, pero si se tratase de una droga de abuso como la cocaína, nada nos pararía para consumirla”, asevera.

Para el investigador puede haber otras explicaciones para que las hamburguesas o algunos dulces se coman en exceso, como el hecho de que las comidas procesadas se suelen consumir con mucha facilidad y cuando llega la sensación de saciedad ya se ha ingerido una cantidad importante. Además, lo que en determinados países o culturas puede ser un alimento irresistible, como sucede con el marisco, en otros puede resultar repugnante.

Por ahora, la evidencia científica no ha permitido introducir la adicción a los alimentos o a comer entre otros trastornos adictivos como las drogas o el juego. No obstante, la comida o determinados alimentos cuentan con un factor de riesgo que no comparte con los estupefacientes ilegales. Las chocolatinas o las papas fritas de la hamburguesería se venden por todas partes y de forma legal.

Usar tacones no sólo afecta los pies

Nada ha logrado desplazar a los tacones como la primera causa de dolor en los pies. A esta conclusión llegó la Asociación Podológica Americana tras una encuesta en 2014 que lideró un grupo de los mejores doctores especializados en pies y piernas.

Con una posición similar, el Journal of Applied Physiology asegura que, al vestirse con este tipo de zapatos, el pie termina en una posición de flexión que no es natural: “Es como estar parado durante horas en la punta de los pies. Esta forma puede ser la causa de dolor muscular, fatiga y lesiones".

Además de estos dolores, el uso de tacones es también el causante de la aparición de ampollas, callos, uñas encarnadas y juanetes, según el departamento de podología de la Universidad de Loyola (Estados Unidos), quienes añaden que el riesgo de sufrir este tipo de lesiones se incrementa entre más alto sea el tacón.

Pero los pies no es la única parte del cuerpo que sufre con este tipo de calzado. Según la revista Time, el uso de estos zapatos también tiene repercusiones en las piernas. “Según investigaciones del Reino Unido y Austria, pasar mucho tiempo caminando en tacones en realidad cambia la estructura de músculos y tendones en las pantorrillas”, explica el periodista de Time Markham Heid.

Marco Narici, profesor de psicología clínica de la Universidad de Nottingham (Inglaterra), asegura que vestir estos zapatos reduce las fibras musculares y endurece el talón de Aquiles disminuyendo el rango de movimiento del tobillo y las posibilidades de tener una lesión se incrementan.

El cambio en la estructura muscular también puede suceder en las rodillas. El profesor de cirugía ortopédica de Standford (Estados Unidos), Constance Chu, explica en el artículo de Time que la fuerza aplicada en esta parte del cuerpo al usar tacones puede ser la causa de la aparición temprana de osteoartritis. “El riesgo se incrementa en mujeres pesadas”, añade el profesor. Algunas recomendaciones que hacen doctores como Chu para evitar estos cambios o lesiones tienen que ver con la altura de los tacones que se usan: entre más bajos sean, menor es el riesgo. Por otra parte, se recomienda que al usar estos zapatos haya una tiempo de descanso que puede encontrarse al recostarse en una pared o estirando el pie durante un par de minutos todos los días.

Así actúa un cerebro cuando juega ajedrez

Para Keiji Tanaka el ajedrez es una especie de deporte simbólico: en él se puede identificar la manera en que los humanos trazan una estrategia. Ese pequeño tablero a cuadros puede ayudar a evidenciar cómo actúa el cerebro a la hora de tomar una decisión trascendental. ¿Qué sucede en su interior cuando alguien decide defenderse? ¿Cuándo decide atacar? ¿Qué pasa adentro de este órgano?

Keiji Tanaka es un neurocientífico japonés de 64 años. La mitad de ellos los ha dedicado al estudio del cerebro. Y aunque para el mundo de la ciencia su nombre no resulte extraño, Tanakata, que lidera un grupo de investigadores en el Instituto RIKEN Brain Science de Japón, ha sido especialmente mencionado esta semana por un estudio que publicó en la prestigiosa revista Nature Neuroscience. En once páginas comprueba la teoría que venía dándole vueltas en su cabeza hace varios años: cómo aquel deporte permite identificar la actividad cerebral en el momento de pensar de manera estratégica.

“Mi objetivo –le dijo al diario El País de España− es averiguar cómo la gente determina su estrategia, especialmente en una situación complicada y que necesita una solución rápida. No se trata de una acción determinada, sino un grupo de acciones, como cuando un jugador de tenis decide subir a la red o cuando un general determina si hay que atacar al enemigo incluso cuando esto multiplica el riesgo para sus tropas”.

En pocas palabras lo que hizo Tanaka fue llevar a cabo un experimento con 17 jugadores de shogi, el equivalente japonés del ajedrez. A todos los metió en una máquina de imágenes médicas al tiempo que veían diferentes jugadas. Tras verla por unos seis segundos, los participantes, que contaban con unos diez años de experiencia, debían decidir si era mejor atacar o defenderse y así planear una estrategia que les permitiera salir victoriosos en el juego. 

Aunque a simple vista parece un experimento simple, con ese ensayo, en el que se utilizaron técnicas de neuroimagen como la resonancia magnética funcional, Tanaka logró identificar por primera vez, dónde está ubicado el centro estratégico del cerebro.

En términos técnicos esas estrategias se desarrollan en el giro cingulado, una zona alargada que está en la mitad de dos hemisferios y a unos tres centímetros bajo el cráneo. Su parte anterior (que está más cerca de la frente) es la que controla las estrategias defensivas y su parte posterior representa la estrategia ofensiva.

En otras palabras, ese trabajo muestra que hay un patrón en la actividad cerebral muy característico cuando un ser humano elige adoptar una estrategia que cuando decide dar movimientos concretos. Su utilidad, de acuerdo a los investigadores está en que se abre una nueva ruta para saber con mucha más precisión cuál es el camino que siguen los hombres para tomar decisiones complejas. 

“Hasta ahora conocíamos muchas zonas cerebrales relacionadas con acciones concretas pero nunca se habían estudiado las partes que determinan la estrategia. Mi interpretación de los resultados es que esta capacidad para decidir una estrategia muy rápido se desarrolla gracias al entrenamiento y es muy específica de cada actividad. Algunas personas lo usan para el shogi, otras para dirigir empresas y otras para cocinar, por ejemplo”, explicó Tanaka a la revista Muy Interesante.